
I
Suspira fuertemente al tiempo que seca sus escasas lágrimas. Comienza su rutina, hace tocar el último disco que le prestaron, canta y canta para evitar el silencio, queriendo sentir que la música es compañía. Sale del baño y descuidadamente seca su cuerpo. Se mira con recelo frente al espejo, duda de su reflejo y sin embargo, disfruta el aspecto de su pecho, pellizca los excesos de grasa bajo su ombligo, hurga entre sus piernas y no encuentra placer.
II
Cruza la avenida, sus labios incapaces de pronunciar palabra alguna y su mente irónica no deja de platicarle. Qué ansiedad. Entra a la universidad, y antes de cualquier actividad académica, se dirige a la biblioteca. Con cautela toma una computadora, gira su cabeza, con mirada suspicaz, intentando esconder una culpa. Habilidosamente teclea su contraseña, la página Web se carga lentamente, algunos profesores se acercan. La incertidumbre le hace temblar. Se abre su bandeja de entrada: un correo nuevo. De él, del desconocido, de su peculiar amigo virtual. Cierra las ventanas del monitor y prosigue atendiendo sus tareas, con una ancha sonrisa de satisfacción, como de quien recibe una esperada carta, como de quien desobedientemente revisa su correo electrónico en un ordenador destinado sólo a la búsqueda de libros.
II
De nuevo el pensamiento y sus paradojas. La lucha constante por no perder la atención al discurso del mentor que desfila sobre los pasillos del aula, y su mente se ocupándose en otras entes: el desconocido y todo lo que él le provoca sentir. De pronto sus añoranzas de una compañía, toman forma, son las tipografías que su pantalla le deja ver cuando él le escribe. Inexplicablemente, le interesa, se entretiene al leer lo que le comparte de vida, y sin pensar, lo hace parte de la suya.
III
Viernes en la noche y escucha su voz por primera vez, el aparato telefónico no permite indagar más allá. Faltan unos cuantos minutos para su encuentro en persona, no sabe qué pensar. Desde la banqueta mira como se acerca, pasmado al saber que las letras virtuales esa noche se vuelven carne y hueso, se vuelven hombre.
IV
Es inevitable, no puede esconder sus delatantes risas al estar junto de él. Su timidez lo obliga a tragarse las ganas de mirarlo constantemente, de calcular sus movimientos. Frente a él, y las palabras no hacen falta. Son dos hombres que desafían al conservadurismo y sus cánones, se vuelven entonces uno mismo, deciden comenzar días juntos.
V
Centenares de horas compartidas, nada parece tedioso. Se siente seguro: él es la presencia por la que había esperado. Pensar deja de ser indispensable, sentir es ahora lo prescindible y todo sucede indeliberadamente. Reconoce las nostalgias de el ahora conocido y las adopta como propias, recorre su esencia, descubre su autenticidad, goza su espontaneidad. Sin buscar explicaciones, encuentra sentimientos. Se toma el atrevimiento contra sí mismo, de amarlo.
VI
Y las percepciones cambian, y la vida misma.